.:: Prensa: Punto Cero hacia el futuro ::.






Buen Teatro para el verano en Buenos Aires. Sigue el éxito de “Amalfi”.

“Amalfi”, de Enrique Papatino. II Premio Nacional de Dramaturgia 2007. PRIMER PREMIO VIGESIMO ANIVERSARIO GETEA - TEATRO XXI- Mejor Texto Dramatico 2007

Con excelentes actuaciones de Eduardo Leyrado, Mariel Rosciano y Jorge Albella y direccion de Enrique Papatino, se presenta todos los viernes a las 21 hs. esta obra con destacada puesta y sólida propuesta narrativa.

La trama atrapa al espectador desde el primer minuto. Ella nos cuenta la historia de Ascasubi, un hombre que regresa de la guerra al hogar que compartía con su mujer Carmela, quien lo cree muerto. La “viuda” está ahora con otro hombre casado, Braun y su vida es otra. Pero el pasado la irrumpirá con la fuerza de una resurrección inesperada. Un muerto que no ha muerto. Una viuda que no es viuda. Un amante que quiere no serlo. Un presente tibio, sin compromisos aparentes. Y la guerra allá afuera, como un volcán del que emerge lo olvidado y lo inolvidable.

El milagroso despertar de un calor desconocido cambia absolutamente la percepción y la mirada sobre la propia vida y el modo en que se la quiere vivir.

Amalfi es un viaje por la nostalgia, el dolor por el deseo incumplido de volver, una evocación inquietante sobre tiempos, lugares y sentimientos a donde todos desearíamos regresar y sin embargo sabemos que es imposible.

Ante propuestas como ésta, los espectadores recuperamos una idea que a veces se nos desdibuja. El buen teatro, con las mejores intenciones, no precisa de grandes nombres ni salas multitudinarias. El buen teatro se nos ofrece, desde entradas accesibles, para que sea un bien para todos.

.:: Prensa: Página 12 ::.



Sobre la imposibilidad del regreso
El actor descubrió de casualidad sus vocaciones de dramaturgo y director: no encontraba textos a la medida de los grupos a los que enseñaba. Su última obra arranca cuando un hombre vuelve de la guerra y encuentra a su mujer con otro.


Por Cecilia Hopkins

“Esencialmente soy actor”, afirma Enrique Papatino, quien, casi sin proponérselo, desarrolló paralelamente una carrera como dramaturgo y novelista. Intérprete habitual en los últimos proyectos dirigidos por Enrique Dacal (Procedimientos y Cartas de amor a Stalin, entre otras), el actor cuenta con un grupo propio desde 2005, con el cual estrena sus textos. Su obra Amalfi, premiada por el Instituto Nacional del Teatro y el Getea, acaba de subir a escena en el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549), con un elenco integrado por Eduardo Leyrado, Mariel Rosciano y Jorge Albella, miembros del grupo que el autor dirige, Caue Canem (en latín, Cuidado con el perro). La situación inicial presenta a un hombre, Ascasubi, quien, al regresar de la guerra, encuentra que Carmela, su mujer, ha decidido rehacer su vida junto a otro. Con una cuota de humor poco convencional, el autor le otorga al trío la posibilidad de rever ciertas cuestiones a partir de una extraña convivencia, hasta que toda forma de comprensión se vuelve imposible. Especialmente para ella, que experimenta un cambio de perspectiva en relación con sus expectativas de vida.

Ligado a la actuación desde la infancia (su padre lo animó a estudiar con Pedro Aleandro, su propio maestro), Papatino continuó su formación con Augusto Fernandes y Raúl Serrano. Pero como autor comenzó a probarse recién cuando tuvo a su cargo cursos de actuación, a raíz de que no encontraba textos dramáticos a la medida de su alumnado. Así, sin darse cuenta, fue descubriendo una vocación que ignoraba que tenía. Como la mayor parte de los nuevos dramaturgos, pasó por los talleres de Mauricio Kartun y de Ricardo Monti, quienes le enseñaron a comprender los mecanismos de la escritura para la escena. “Mi forma de entender la dramaturgia fue cambiando porque me despojé de la presión de escribir bien: ese ‘vicio’ de escribir en forma bella ahora la reservo sólo para las didascalias”, asegura Papatino, consciente de que las acotaciones escénicas no deben ser un imperativo a la hora de la puesta sino una manera de introducir al potencial director de ese texto en un mundo particular, que espera ser apropiado. “Para escribir soy muy argumental porque mis personajes hacen comprensible todo lo que ocurre, aunque hay algunos elementos que siempre quedan oscuros, incluso para mí mismo”, concluye.

Amalfi constituye, para el autor, un punto de inflexión en su carrera de dramaturgo, porque no fue escrita por encargo o por alguna circunstancia especial. Entusiasta cultor de la cruza entre teatro e historia, Papatino aclara que le gusta construir ficción con personajes verídicos. Así concibió En París con aguacero (obra inspirada en los últimos días de San Martín en Francia), De sobornos al olvido (sobre la figura de Castelli) y Lovely revolution, una ópera de cámara que encuentra en Mariano Moreno su protagonista. El interés del actor por la historia se renovó en 2002, cuando volvió de Italia. Entre los rigores del desarraigo y la imposibilidad de establecerse en “un país hostil, en términos de supervivencia”, Papatino resolvió regresar a Buenos Aires. Mientras se desarrollaba la crisis se dedicó a estudiar historia argentina. Fue así que descubrió en Moreno, Belgrano, Castelli y San Martín, “los cuatro pilares de un modelo de país que no llegó a ver la luz”, según define. “Encuentro que la noción de patria ha perdido prestigio y afecto. Es una palabra que no tiene marketing”, asegura hoy, tal vez para justificar su apego por generar ficción a partir de “estas figuras que abonaron la idea de una América latina unida”.

En 2005, mientras estudiaba con Monti, Papatino comenzó a darle forma al texto de Amalfi. Lo primero que surgió fue la imagen de una guerra metafórica que separa a una pareja. “Las imágenes están muy por encima de quien escribe”, sostiene el autor, porque entiende que para abordar una imagen se requiere una gran concentración y una virtual abstención a utilizar el pensamiento racional. Así, la imagen es un punto de partida: “Uno la hace suya por sobre toda explicación; luego vienen las operaciones de la escritura y las audacias constructivas”, detalla el autor. “Entonces, la guerra como primera imagen estaba atravesada por el humor, razón por la cual, en un marco de aparente amabilidad, aparece lo terrible, algo que el espectador, relajado como está, no espera de ningún modo.”

Así como la guerra que se encuentra retratada en la obra no alude a una contienda reconocible, la palabra Amalfi tampoco se refiere a la playa mediterránea: “Se trata de un punto de fuga, un lugar metafórico donde se fue feliz y a donde se quisiera volver”, explica el autor. “Elegí ese nombre porque es un nombre posible para el paraíso”. La nostalgia, el dolor que se siente cuando se piensa en un regreso siempre diferido es uno de los sentimientos que aparecen en todos los personajes de esta pieza. Por eso Papatino elige una cita de La ignorancia, la novela de Milan Kundera, para referirse a su propia obra, para explicar que en ella campea “el dolor por el deseo incumplido de volver”.

.:: Prensa: La Nación ::.



Las múltiples caras de un creador.
Enrique Papatino, dramaturgo, escritor, actor y director teatral, estrena Amalfi, obra premiada por el INT.

Empezó a participar de la actividad teatral a los 11 años. Entonces, su papá, Víctor, lo llevaba a las clases de su maestro, Pedro Aleandro. Para Enrique Papatino comenzó a develarse un mundo del que, en combinación con sus estudios de música en el Conservatorio Manuel de Falla, no ha podido despegarse. En su relato, pone algo de pasión y otro poco de sorpresa. Le gusta jugar -como buen actor- y pasa de narrar algo muy anecdótico a algo de extrema profundidad, pero no quiere quedarse mucho ni en uno ni en otro lado.

De actor pasó a convertirse en docente y director, y de ahí saltó a la dramaturgia y, cuando un camino empezaba a definirse en Buenos Aires, se fue a probar suerte a Italia. Cierto fracaso lo trajo de vuelta a estas playas, justo cuando muchos argentinos comenzaban a emigrar, después de la crisis de 2001.


En síntesis, en su vida, ciertas profundidades se convierten en anécdotas y sigue. Porque últimamente, como algunos de sus textos teatrales tienen ciertas cualidades narrativas, no puede quedarse allí y entonces produce novelas. Dos distinciones le confirmaron que algo de lo suyo estaba logrado. Una nominación al premio Trinidad Guevara por su obra teatral Somnium (2004) y, en el último año, una mención del Premio Clarín Novela. Claro que también ha recibido otras distinciones, pero ésas han sido definitivas.

Ascasubi, Braun y Carmela son los tres personajes de su pieza Amalfi, que, pasado mañana, estrenará en el Teatro del Abasto bajo su dirección y con actuación de Eduardo Leyrado, Mariel Rosciano y Jorge Albella. Una guerra, un hombre que regresa (¿de la muerte?) a la casa que compartía con su esposa, pero como para ella él había desaparecido tiene un nuevo amor. Nada de lo que parece es y todo es posible en ese triángulo de seres desgarrados. Lo anecdótico y la profundidad vuelven a darse la mano. La única posibilidad es, quizás, Amalfi . "Una ciudad que conocí en mi viaje a Italia - dice el autor-: el Mediterráneo azul, tibio. Esa ciudad como utopía, donde hay armonía, donde el conflicto no es posible."

Desarraigo

Ese viaje a Italia trajo consigo un reconocimiento que el autor y director explica de la siguiente manera: "Ahí se me produjo un choque que tuvo que ver con lo patriótico. Necesité indagar sobre lo que había pasado en nuestra historia de país. Había descubierto de qué se trata el fracaso del exilio y comencé a preguntarme qué había ocurrido con nosotros, con esa mixtura gallega y tana que somos los argentinos. En esa indagación, el personaje que comenzó a golpear fue San Martín".

La derivación se operó, concretamente, en un ciclo de piezas de corte histórico: En París con aguacero(donde trabaja sobre los últimos días de San Martín en Francia), De sobornos al olvido (donde aparece la figura de Castelli) y Lovely revolution (donde los días de la Revolución de Mayo asoman con fuerza).

Resulta interesante esa frase: "Los personajes empiezan a golpear". Y vuelve a utilizarla para hablar deAmalfi , a la vez que dice: "Se trata de una pieza muy visceral: ahí ocurre lo que sostiene Harold Pinter respecto de que uno no puede decirles a los personajes lo que tienen que hacer. El personaje no pide la llegada del autor, quiere hacer su vida. El autor sólo es un mediador entre esas fuerzas".

Pero también esa visceralidad parece repetirse cuando habla de su interés por que las didascalias de sus obras estén plagadas de imágenes. "Ese es un vicio que no puedo evitar -explica-; parece que va a estallar una novela y sin embargo es una obra de teatro. Me gusta que los hacedores del teatro -los actores, el director, el escenógrafo- se sientan convocados por un mundo, y ese mundo lo comienzo en las acotaciones, no en el texto propiamente dicho."

Entre la literatura y el teatro

Su historia. Enrique Papatino se formó con Pedro Aleandro, Augusto Fernandes y Raúl Serrano en actuación. En dramaturgia, junto a Mauricio Kartun y Ricardo Monti.

Sus obras: Sabiondos y suicidas, Luna y misterio, Canta para mí, En París con aguacero, Hébenon, Somnium, El paso de santa Isabel.

Como actor: Hombres en pugna, Don Juan, Incriminándome, Cartas de amor a Stalin, Los siete locos, Lovely Revolution, Procedimientos para inhibir la voluntad de los individuos.

Televisión: Escribió los guiones del ciclo Voces (Encuentro y Canal 7). Como actor, trabajó en Como pan caliente y No todo es noticia.

Premios: Teatro XXI por Amalfi (2007), Segundo Premio Nacional de Dramaturgia del INT por Amalfi (2008). Argentores por En París con aguacero (2008). Mención Premio Clarín-Alfaguara de Novela 2009 por La fantasía bajo sospecha.